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Esta primera traducción castellana del texto latino original, que posteriormente fue traducido y publicado en hebreo (Harvey, W. Z., 2018; Campanini, S., 2023) constituye la autoridad filológica de esta primera edición.
Lumen Gentium o Luz de las gentes es una obra universal que se dirige a almas elevadas, a los intelectos superiores de todas las naciones:
Ovadia Sforno transpone la metafísica de Aristóteles al marco del judaísmo clásico, recurriendo a un lenguaje escolástico y al razonamiento causal para poner en evidencia el origen de la incompatibilidad: la imposibilidad de definir la materia prima, concebida como potencialidad sin forma y desprovista de características determinadas (Phys. I, 7, 191a; Met. IX, 7), que los modernos confunden con la causa formal; ésta sólo se volvería inteligible mediante analogías (Met. VII.3, 1029a). Es por ello que Sforno recurre a la Biblia hebrea (Tanaj) para iluminar con su repertorio de figuras retóricas el pensamiento clásico.
Así, la confusión o caos informe, tohu va bohu (Gén. 1, 2), representa la materia prima de Aristóteles, siendo una potencialidad pura a partir de la cual surgen el orden y las formas; la Havdalah, o la antítesis operada por Dios entre el día y la noche (Gén. 1, 4-5), ilustra el principio aristotélico de determinación de los contrarios (Met. II.2); la voluntad divina (Deut. 30, 15) se entiende como una imagen del Bien o de lo Bello, principios que la metafísica aristotelica (Met. XII, 7) identifica con las causas finales.
Como exégeta, Sforno explora las cuestiones de la creación, la Providencia, la inmortalidad del alma y el libre albedrío, en un lenguaje riguroso, fundado en el método de la disputatio, para demuestrar que la verdad revelada no contradice al pensamiento clásico, sino que lo ilumina.
Lumen Gentium o Luz de las gentes es una obra universal que se dirige a almas elevadas, a los intelectos superiores de todas las naciones:
Ovadia Sforno transpone la metafísica de Aristóteles al marco del judaísmo clásico, recurriendo a un lenguaje escolástico y al razonamiento causal para poner en evidencia el origen de la incompatibilidad: la imposibilidad de definir la materia prima, concebida como potencialidad sin forma y desprovista de características determinadas (Phys. I, 7, 191a; Met. IX, 7), que los modernos confunden con la causa formal; ésta sólo se volvería inteligible mediante analogías (Met. VII.3, 1029a). Es por ello que Sforno recurre a la Biblia hebrea (Tanaj) para iluminar con su repertorio de figuras retóricas el pensamiento clásico.
Así, la confusión o caos informe, tohu va bohu (Gén. 1, 2), representa la materia prima de Aristóteles, siendo una potencialidad pura a partir de la cual surgen el orden y las formas; la Havdalah, o la antítesis operada por Dios entre el día y la noche (Gén. 1, 4-5), ilustra el principio aristotélico de determinación de los contrarios (Met. II.2); la voluntad divina (Deut. 30, 15) se entiende como una imagen del Bien o de lo Bello, principios que la metafísica aristotelica (Met. XII, 7) identifica con las causas finales.
Como exégeta, Sforno explora las cuestiones de la creación, la Providencia, la inmortalidad del alma y el libre albedrío, en un lenguaje riguroso, fundado en el método de la disputatio, para demuestrar que la verdad revelada no contradice al pensamiento clásico, sino que lo ilumina.