Catalina Rojas sabe rescatar un merengue, alimentar a cincuenta invitados con poco presupuesto y reconocer el sonido exacto que hace su vecino cuando está a punto de pedirle un favor absurdo.Lo que no sabe es cómo fingir que ese vecino es su novio sin recordar todas las veces que ha imaginado que podría serlo de verdad.Diego Morales solo quería sobrevivir a la boda de su hermana. Su ex estará presente, su abuela planea interrogarlo y toda la familia insiste en que necesita "ordenar su vida". Desesperado, asegura que ya está saliendo con alguien. El problema es que su familia conoce demasiado bien a la única mujer capaz de seguirle la mentira: Cata, su mejor amiga y vecina desde hace cinco años.El acuerdo parece sencillo: un fin de semana en el lago Lanalhue, algunas fotografías convincentes, dos o tres gestos cariñosos y absolutamente ningún beso innecesario.Entonces aparece una reserva equivocada. Después, un cuestionario de parejas. Más tarde, una emergencia con los postres, un perro fugitivo y un beso que ninguno de los dos consigue explicar.Entre discusiones que parecen coqueteos y pequeñas atenciones que siempre habían llamado amistad, Cata y Diego empiezan a sospechar que el verdadero problema no es engañar a la familia.Es descubrir que quizá llevan años engañándose a sí mismos.