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La poesía como fuente de reflexión.
La capacidad auto-reflexiva del poeta nos pone en situaciones -cosecha de su rica inventiva verbal- que nos abisman hacia los precipicios de la condición humana, ya sea por el camino del humor, la ironía, o el contenido -aunque definitivo- horror de vivir.
Si es cierto que los poetas son seres tocados por los dioses, no es menos cierto que en la contraria circulación de nuestra sangre habita una hecatombe, de cuya materia verbalis [Eielson dixit] germina la poesía. Este magnífico libro de Carlos Llaza es una prueba concreta de tal estallido.
Descubre este poemario que lleva a los lectores a una gran reflexión metafísica.
La capacidad auto-reflexiva del poeta nos pone en situaciones -cosecha de su rica inventiva verbal- que nos abisman hacia los precipicios de la condición humana, ya sea por el camino del humor, la ironía, o el contenido -aunque definitivo- horror de vivir.
Si es cierto que los poetas son seres tocados por los dioses, no es menos cierto que en la contraria circulación de nuestra sangre habita una hecatombe, de cuya materia verbalis [Eielson dixit] germina la poesía. Este magnífico libro de Carlos Llaza es una prueba concreta de tal estallido.
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