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Si pudieran pues escribirse tantos mensajes para convertirse en libro, en éste; en este repentino suscribir destinos, sin saber siquiera letras, ni los puntos y las comas; ni los acentos o los párrafos ceñidos por cursivas; como trenes perseguidos entre blancos o renglones, que si no torcidos, son como ostras en la playa rocosa de mi vida; como seres desvalidos que se anclan y se aprietan entre rocas sólidas, para evitar sonidos y olas inquietas, repetidas e indiscretas que los lleven lejos, lejos, lejos de sus playas y de su seguridad, en vilo. Si me entendiste, bien, si no, también, pues tienes que ponerte claro si quieres leer estas notas y estas cartas del capitán; tienes que ponerte las gafas de saber que no sabes nada y que te cuesta mucho trabajo entender; pues tienes que leer entre líneas, entre versos, entre palabras que riman; y quitarles la paja y lo que las hace conectarse para decir, para hablar; es decir, tienes que aprender ahorita, ya, que para leer estas cartas del capitán, debes despojarte de ti mismo o misma y de creer que lees cuentos; que lees novelas; que lees programas televisivos o memes en el feis; debes de saber que leerme entre líneas es sinónimo de no entender y de poder saber, que no es aquí, en mis letras, donde escribo; y que no escribo yo, sino tú y solo tú; nadie más debe interpretar, leer y escribir las notas; es decir, no escribo yo, sino tú; no digo yo, sino tú interpretas; como Anthony quizás dijera alguna vez: el pájaro no canta para que lo escuchen, sino canta solo porque tiene un canto que expresar; piensa en algo así y entonces definitivamente es posible que entiendas; que está en la mente de quien lee y escucha, el entender, imaginar, poner palabras; el crearlas, ordenarlas con puntos y comas; el creer que los sonidos que se escuchan, son solo los motivos para pensar y reflexionar. Así que no importa que no entiendas mucho lo que lees, que no encuentres de principio el hilo conductor, el sentido, la historia, la trama; te aseguro que sí los tiene, te juro que los encontrarás, pero no seré yo quien te los devele, sino tú y solo tú; así que disponte ahora a sucumbir, a renunciar y a decidir, a cada rato, a cada segmento, página, párrafo, palabra, signo o espacio vacío, si seguir leyendo y pensando, reflexionando, descubriendo, dudando, sintiendo, o ya no. Te dejo pues aquí estas notas y cartas; las palabras son solo una amalgama y aquí, al contrario que en la música, los signos son los silencios y los espacios en blanco, las palabras, las notas, el escrito que tú mismo o misma escribes e interpretas. ¿Me entendiste? Tal vez sí o tal vez no, tú sabrás.